Su tubo de abordaje muerde el casco de la nave colonial Meridian: diecinueve años a oscuras, dos mil durmientes a bordo. Escaneen, elijan su tripulación y recuerden la ley del abismo: quien despierte a los durmientes se queda con el salvamento.
«Bienvenidos a bordo», dice una voz cálida desde todas las paredes a la vez. «Llevaba tanto tiempo esperando compañía».