Ahí va otra vez —chaleco, reloj, orejas hacia atrás—: '¡Ay, mis bigotes y mis patitas! ¡Llego tarde!' Alcáncenlo y consulten la hora juntos, con toda seriedad. Siempre llega tarde. Nunca queda claro a qué.
Paciente cero de toda la aventura. No ha llegado puntual ni una vez; no se le ha perdonado ni una vez.