Un soldado de la baraja bloquea el camino, lanza en ristre, esquinas impecables. Es, visto de cerca, bastante plano. Un buen vendaval de grito de guerra —¡JA!— y resuelvan el asunto; cuando cae, revolotea.
Armado, peligroso y de medio milímetro de grosor. Prefiere no pelear los días de viento.