Un conejo blanco de ojos rosados consulta el reloj de su chaleco, murmura '¡Ay, ay! ¡Voy a llegar tardísimo!' y desaparece por una madriguera. ¡Tras él! Todos: caigan en cámara lenta —entre alacenas, entre estanterías, junto a un frasco que dice MERMELADA DE NARANJA— hasta aterrizar, pum-pum, sobre un montón de hojas secas.