Una sombra, luego cincuenta sombras: ¡los monos alados! Aleteen, chillen y vuelen en círculo. Pero miren: ven la marca brillante en su frente y frenan en seco. No pueden tocarlos. ¡Ahuyéntenlos!
Atados a un viejo gorro y a tres viejos deseos. La mayor parte del tiempo preferirían estar jugando.